
CAPITULO II
EL
Fue una ruptura abrupta. Después de tanto tiempo él pensó que con tumbar el puente el abismo desaparecería. Estaba equivocado: no había abismo y el puente no era necesario. Transcurrió tiempo, mucho tiempo y, a pesar de ello, era como si el pasado no existiera. Todo era presente. No existió la ausencia.
Los días transcurrían y la presencia de ella seguía viva en él. Ya era inútil luchar en contra de lo que formaba parte de su propia existencia.La memoria lo llevó a una oportunidad en que ella le dijo que temía volverse solamente recuerdo. Pero todo recuerdo es parte de un pasado que no regresa y ella siempre fue presente, carne viva. No era recuerdo ni pasado. Era existencia. Constantemente ella lo invadía, la sentía en ahora. El pensar en ella la hacía mirable, tocable, perceptible con todos los sentidos
Y un día aquella existencia invadió de manera arrolladora sus pensamientos. Ella no lo abandonaba, invadía cada parte de su cuerpo. Era tan fuerte su presencia que él la sentía, la veía, gozaba con su aroma y sentía la tibieza de su piel. Y de repente, la existencia en sus pensamientos, la magia se hizo realidad. Sonó el teléfono y era su voz . Ella dudaba, tenía miedo, su voz temblaba como si él fuese un extraño. El, por el contrario, se sentía seguro. Sabía, desde siempre, que esa llamada algún día llegaría. Esperar no importó porque el tiempo estaba detenido.
Fue una conversación rápida, pero alegre. Sin muchas palabras, pero de confianza y entrega. Al final, una cita.Debían verse, sentirse, hablarse.
Llego el día. Ella, perdido el miedo que tuvo cuando lo llamo, fue a buscarlo. El, seguro, sin dudas. Para él, ella estaba hermosa, jovial, alegre.
Fue EL quien habló: "¿como estas?, ¿como me ves?. Te podría decir "bienvenida", pero eso sería una mentira, nunca te haz ido de mi vida." Y es que esa era la realidad para él, ella nunca se había marchado. La ruptura abrupta fue un adiós sin despedida, una ausencia sin distancia.
La tuvo en sus brazos, la besó, la amó. Todo estaba intacto, nada se había perdido. Desde ese instante él aceptó serenamente aquel amor. Toda lucha en contra era, además de inútil, no desea. Estar con ella era su mayor exigencia.
Había madurado. Sí, ya no era la misma. Aún cuando su amor estaba intacto, ella era más libre. Su temores habían desaparecido y ahora era ella quien decidía por sí misma. La dependencia de su amor ya no era esclavitud, sino espontaneidad y decisión.Para él aquello era un premio. Esa libertad ausentaba los daños y hacía que el amor fluyera como manantial inagotable. Recordó para sí aquella copla del poeta que muchas veces le repitió:
"los ojos que miras, no son ojos porque los
miras, son ojos porque te ven."
Y así era: ya me veía con su propia mirada. No era con mis ojos que veía, sino con los suyos.
Ya era el momento para ambos y pensó que el tiempo no regresa y lo que dejas de hacer no vuelve nunca



Y por qué no fue él quien la llamó?
ResponderSuprimirTengo demasiadas preguntas jaj pero no las haré simplemente disfrutaré del devenir de las segundas oportunidades..
Bravo también por " él ".
Lo único seguro es que lo que dejo de hacer no lo podrá regresar, si es verdad ella lo debra sentir yo también espero por segundas entregas
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